¿Qué ves?:
Una quel'dorei con el cabello extraordinariamente negro. Tiene un rostro élfico común, si bien suele tener una expresión seria en el rostro. Sus ojos brillan muy ligeramente en azul. Su piel es muy clara, y parece cuidársela. Sus gestos medidos y gráciles la hacen más delicada de lo que és.
Viste ropa de buena calidad, relativamente nueva. Le gustan las faldas y vestidos, pero es más habitual que lleve armaduras ligeras de cuero. Sus armas son dos dagas de distinto acabado, gastadas pero muy afiladas.
¿Qué se sabe de ella?:
La cantidad de información que hay de Elladhan es excepcionalmente escasa. La mayoría de la información de ella antes de ir a Ventormenta se perdió en la caída de Quel'Thalas. Y la mayoría de las fechorías de ella en reinos humanos se borró cuando fue agente. Sé sabe que se reformó como bandido y luchó en la guerra de Rasganorte, en la campaña del Portal Oscuro alternativo y en la Cuarta Guerra de manera breve. Luego desaparece y vuelve a saberse de ella en Ventormenta, cogiendo un viaje a Valgarde, en Rasganorte.
No se le conoce familia aparente ni allegados o amigos. Es extraordinario lo poco que se sabe de ella.
Se sabe que por sus venas no corre ni una pizca de magia.
Cualquier información extra requerirá una investigación concienzuda. (Preguntame ingame).
Su historia:
La vida en las calles de Lunargenta era habitualmente sencilla y cómoda, pero no para aquellos que viven en los arrabales. Los dos padres de Elladhan nacieron sin la capacidad de usar magia, cosa que en la sociedad maga no se veía especialmente bien. Fueron doblemente malditos con pobreza e inhabilidad. La niña, sin embargo, pese a no poder practicar hechicería si que era hábil.
Apenas con diez años ya sabía por dónde correr de la guardia para reírse de ellos, y la capacidad de hacerlo sin que la pillaran. No había razón para ello más que pura diversión. La cría acabo llevándose la atención de un ladrón local, no especialmente conocido, lo que era un buen signo para su profesión. En cualquier otra circunstancia jamás se habría acercado a una cría en la ciudad, pero los padres trabajaban muchas horas y dormían el resto, prácticamente estaba sola en todo momento.
Ella recuerda poco de aquella conversación, pero si lo principal. Se presentó como un amigo de los padres y empezó a mandarle pequeños juegos: Consígueme una en un sitio prefijado, corre a por una carta y vuelve en menos de cierto tiempo, y otras cosas de índole parecida. No parecía una prueba, no parecía entremiento, pero el ladrón se interesó en sus habilidades.
Solo pasaron un par de años hasta que el ladrón se presentase como tal. Elladhan ya confiaba plenamente en él, pese a solo conocer su nombre de pila: Zircan. Claro que no era poco habitual que en los arrabales acabarán descastados. La propuso un juego peligroso finalmente, colarse en la casa de unos nobles de baja estofa y robar una varita heredada de gran calidad. Lo hizo. Se podría adornar mucho lo que pasó, pero simplemente esperó a que se marcharán a un baile, se coló por la ventana de arriba, la cogió y salió de allí. Apenas tenían seguridad ni servicio, y después de aquel día, todos ellos fueron reemplazados.
Durante su niñez y adolescencia esto fue su día a día. Sus padres no podían sospechar nada, estaban demasiado ocupados. Lo que ellos veían es que salía a jugar y volvía. Podrían decir que eran unos irresponsables, pero no tenían tiempo para ofenderse por ello. Pero en su casa empezaron a llegar de la nada suministros frescos, vajillas nuevas y otros enseres parecidos. Y los tres solo disfrutaban de ello sin pensar demasiado su procedencia. Esa era la vida rota de los desfavorecidos.
La juventud la alcanzó pronto y bien entrenada. Y por suerte, con apenas un par de pasos por el calabozo por problemas menores. Zircan y ella funcionaban como un reloj juntos, cada uno se encargaba de su parte a la perfección. Él planeaba y tenía los contactos, ella actuaba y tenía las habilidades. No tardaron en tener una pequeña fortuna guardada en un escondite seguro fuera de Lunargenta, en la costa.
Durante las guerras trol y la Segunda Guerra no notaron nada, la capital seguía siendo rica e injusta. Pero la Tercera Guerra cambió todo para ellos.
Se encontraban en un trabajo lejos de la capital, uno complejo y largo. La Plaga atacó en aquella población casi como distracción, y ella y su jefe lucharon como el resto de sus compatriotas por su propia vida. No tardaron en descubrir que Lunargenta había sido destrozada, y con ello sus antiguas vidas. Zircan no tenía familia viva, pero Elladhan huyó de Quel'Thalas con la incógnita del destino de sus padres, si bien era casi seguro que hubieran fallecido. Y ella era consciente de eso.
La pequeña fortuna que amasaron quedó allí, escondida para siempre, ya que la huida del continente fue caos puro. De alguna manera consiguió llegar hasta un barco en la costa de Trabalomas, junto a cientos de otros refugiados tanto elfos como del resto de razas de Lordaeron y huyeron al sur, hacia el reino de Ventormenta, recién restaurado.
Allí siguió haciendo lo único que sabía hacer junto a Zircan. Aprovecharse del buen porvenir de los más ricos.
Fueron años relativamente buenos, todos los problemas estaban fuera, en el recién descubierto Kalimdor o el norte. No sería hasta unos años después que un mal golpe de suerte dejará en la estacada a Zircan. Mientras reunía información de un miembro de la Casa de Nobles fue capturado por la seguridad de el mismo. Fue un tal Lord Ceniza, un noble que a priori no parecía importante ni cuidadoso, pero resultó tener una red de información y contrabando especialmente potente. Y Zircan cayó en las redes. El maestro ladrón jamás confesó cómplice alguno. Elladhan lo vio colgar. Guardó todo lo que habían conseguido sonsacar en ese tiempo y huyó a Villa del Lago durante unos años. El tiempo paso mientras disfrutaba de la vida tranquila y el trabajo en una posada en las afueras.
Lo que hizo que abandonará su nueva vida fue la vuelta del Rey Exánime. Cuando supo de ello, algo se revolvió en ella. La muerte de sus padres era muy reciente y culpaba al Rey Lich de ello. En sus años al otro lado de la ley conoció, o más bien, se encontró, con miembros del IV:7, así que sabía cómo hacerse notar para buscar trabajo con ellos.
Puso una trampa a un miembro joven de sus filas, sabiendo que a un veterano sería imposible. Durante un par de semanas siguió sus movimientos y puso establecer un plan. Siguió cada paso que Zircan había tratado de enseñarla al dedillo. Y una noche, el novato no regreso a informar. No tardaron más de un par de horas en localizarla, y la encontraron charlando con él amigablemente. Dos días después pasó su examen. Y un mes después estaba en un barco camino a Rasganorte.
Lucho en las contraoperaciones desde Tundra Boreal, presenció la traición de la Puerta de Cólera y consiguió sobrevivir una y otra vez motivada por el deseo de ver caer al Príncipe Caído. Tras el torneo Argenta fue por fin a la Ciudadela de Corona de Hielo con el resto de la Alianza y la Horda y los aventureros. El asalto fue brutal, tanto en la puerta como en las primeras estancias, antes de poder si quiera alcanzar las partes medias un soldado del Exánime la atravesó la pierna. Supo de la caída del príncipe Menethil por los vítores desenfrenados y las fiestas que se sucedieron en su convalecencia en el hospital de campaña. La condecoraron y la ascendieron a miembro en pleno derecho del IV:7 al poco de llegar a Ventormenta. Paso meses recuperándose de la herida y más de un año volviendo a recuperar su fuerza y sus antiguas capacidades. Para ella el Cataclismo fue un momento de terror cuando Alamuerte descendió en la ciudad, el resto, fue recuperación y trabajo en el cuartel.
Cuando años después desapareciera el joven Wrynn, partió con otros miembros más famosos del servicio de inteligencia hacia Pandaria. Allí viviría la locura de los sha y el Imperio en primera persona, mientras reconocía el terreno para que las tropas de la Alianza no fueran a una muerte segura a manos de estos o de la Horda. Su trabajo no fue crucial, pero si exhaustivo y duro. No vio ninguna de las grandes hazañas que los grandes héroes vieran de cerca, ni vio la locura que desataría Garrosh Grito Infernal.
Si viviría los resultados de esa locura al otro lado del Portal Oscuro alternativo. Empezaron a darle trabajos más importantes allí. Entre el Valle Sombraluna y la ciudad de Shattrath conseguiría algunos méritos que la llevaron a ser relativamente conocida entre los miembros locales en Draenor alterna. Volvería a Ventormenta sabiendo que su trabajo sirvió para algo, aunque Gul'dan ahora volvía a estar suelto en el mundo, la Alianza prevalecía.
No sería hasta que se desatara la muerte y la segunda venida de la Legión Ardiente que su camino como agente se trabaría. Allí descubrió la suerte de sus padres durante la invasión de la Plaga en Lunargenta. Estaban vivos. Supo de ello por un antiguo conocido, ahora sin'dorei, cuando se estaba tomando la ciudad de Suramar. Dimitió inmediatamente. Seguramente sus superiores debieron de recibir información parecida, ya que no pusieron ninguna oposición ante esto, tan solo pidieron que jamás revelará secretos de Ventormenta y que fuera fiel a su honor como agente. Antigua ladrona como era, sabía que se debía a un código moral que debía cumplir y así haría. Se marchó inmediatamente hacia Quel'Thalas, con un porvenir incierto.
No tardaría demasiado en logran infiltrarse en la ciudad. Muchos quel'dorei habían regresado a vivir allí, y muchos sin'dorei parecían haber curado su sed infinita de magia vil gracias a la restauración del Pozo del Sol. Pero las cosas había cambiado menos de lo que parecía. Incluso con la brujería casi perseguida, había una aceptación implícita de la misma que daba un ambiente enrarecido en la ciudad. No es algo que ella le diera demasiada importancia ya que aunque quisiera no podría connjurar ni para salvar la vida, pero era otro foco de malhechores y desgraciados más dentro de una ciudad que tenía ya una buena cantidaad de focos de eso mismo.
Encontrar a sus padres le llevó tiempo. Dallhan y Liras, sus padres, nunca estaban demasiado tiempo en la misma casa. Eso era para gente con casas en propiedad. Y después de varias semanas en la ciudad pudo saber que sus padres ahora trabajaban para el servicio de un extraño sin'dorei llamado Dalar Trazaestrellas. Tardó un par de día en conseguir infiltrarse en la finca del elfo, allí encontró a sus padres, casi igual que la última vez que los vió, pero mejor vestidos. También encontró al dueño de la casa, y con él, a dos demonios. Sus padres ofrecían un cuenco a cada uno de estos seres. Elladhan no pudo soportar esto. Aunque había visto de todo en su época como agente, los demonios le causaban asco y rabia.
Se lanzó a acabar con ellos, con la idea de liberar a sus padres de la mano malvada del tal Trazaestrellas. El efecto sospresa consiguió que bajaran la guardia el tiempo suficiente para acabar con el primer demonio, una súcubo. Cuando se enzarzó con el siguiente, un diablillo mayor, recibió un golpe en la espalda y acto seguido fue objetivo de un hechizo de inmobilización. Pudo girarse lo suficiente para ver la cara de sospresa de su madre cuando se dio cuenta de quién era, luego todo se volvió negro.
Despertó en una prisión elfa, con sus padres al otro lado de la reja. Se pusieron al día. Ellos trabajaban voluntariamente para aquel brujo, les trataba bien, mejor de lo que habían hecho durante décadas otros patrones. El padre se disculpó, ya que fue él el que la golpeó y dejó insconsciente, antes de saber que era ella. Habían rogado a Dalar para que no acabase con ella y había accedido. A regañadientes. Así que la metieron a prisión por allanamiento e intento de robo. Durante los siguientes años que pasó en la prisión, sus padres fueron a verla. Cuando pudo salir de allí, las Tierras Sombrías habían dejado de ser un problema.
Se marchó de Quel'Thalas sin despedirse. Ya sabía lo que necesitaba, sus padres estaban bien. Pero ahora no tenía objetivos. La habían despojado de todo menos de sus dagas y su bolsa. Y en la bolsa aún estaba el antiguo recuerdo de su campaña en Rasganorte. Así que decidió volver. Ver que había sido de aquel continente frio. Y buscarse un nuevo objetivo en la vida.